Cosmos and Cosmetic.

Conclusión y últimas observaciones.

Posted in Londres by Just Cosmetic on 9 septiembre 2009

Pues ya estoy de vuelta. Ahora me sabe mal haber tenido este blog tan abandonado las últimas semanas, porque lo que no escribo lo recuerdo peor, sin todo ese adorno que son las palabras. Porque, y ahora me voy por las ramas -alehop!- soy de la opinión de que todo lo que se escribe se convirte, por arte de magia, en ficción. Por mucho que queramos ser fieles a la realidad, ésta muta en todo momento, y yo casi diría que ni existe, así que nos tenemos que conformar con lo que imaginamos que es.

A lo que iba, que escribí menos de lo que hubiese querido, y por culpa de mi vagancia y otras distracciones, algunas lúdicas y otras no tanto, pues al final me quedo con un batiburrillo de días en mi cabeza, de números de autobuses, de nombres de calles, de imágenes, de caras  y, sobretodo, de emociones. De todos los descubrimientos que he hecho, sólo he dejado constancia aquí de unos cuantos. El resto flotan desorientados por el laberinto de mi cerebro buscando un lugar tranquilo donde dormir hasta que algún accidente externo fortuito los despierte y me haga recordar su existencia de nuevo.

Sin embargo, y antes de cerrar la tapa de esta estancia en Londres, voy a escribir sobre unas cuantas cosas. Más que nada porque están señaladas en la libreta donde guardo mis apuntes de aquello sobre lo que después quiero escribir, y que, en la mayoría de las ocasiones, acabo por no escribir. Serán los remordimientos por ser tan perra los que me hacen ponerme ahora tan pesada con esto. Allá van.

En una de las enormes salas del Victoria and Albert Museum, que ya de por sí es para mear y no echar gota, tienen expuestos las copias en escayola de un montón de monumentos internacionales. Se ve que, a mediados del siglo XIX, un grupo de colgados del museo se dedicó a viajar por el mundo y hacer los moldes de todo lo que pillaban por banda. Revueltas, como fichas del dominó antes de la partida, conviven en esta sala las copias del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, la columna de Trajano de Roma, la cara de la reina Elizabeth I -gracias a la cual confirmé el parecido más que razonable con mi abuela, y que conste que hablo de la que no sufrió en toda su vida, no la del marido ahorcado-, tumbas góticas… Explicado aquí no tiene mucha gracia, pero el efecto, cuando te encuentras con todo esto, es impresionante. Básicamente porque está todo mezclado, y es un laberinto de diferentes épocas, y tienes la sensación de que todo lo que ha pasado en el mundo, a lo largo de miles y miles de años, ha sido mentira, una representación, de la que ahora puedes ver el atrezzo. Como cuando ves un almacén lleno de cosas del teatro, escenarios y muebles y disfraces, de distintas obras, todas juntas. Todo es puro teatro. Por eso esta sala me encantó, porque era como el backstage de la historia. O eso me pareció a mí.

El Victoria and Albert Museum es para pasarse días, es un laberinto total de las cosas más sorprendentes. Como el leitmotiv del museo son las artes decorativas, pues, ala, cabe de todo, desde una cafetera de último modelo a un cojín de esos que se ponían las damas victorianas bajo la falda en el culo para hacerlo más respingón que, al sentarse su dueña, activaba un mecanismo musical en su interior que tocaba la tonada del “God save que queen”. Juro que es esto es cierto.

Otro recuerdo que voy a dejar guardadito aquí es el del Pollock’s Toy Museum, una casa parte de la cual data de los 1780s y que cruje con cada paso que das, donde tienes que subir y bajar escaleras con la espalda encorbada por sus dimensiones de hobbit, donde guardan los ositos Teddy más antiguos -y más adorables- que se conocen, e incluso uno vestido a la moda de la Primera Guerra Mundial, donde puedes conocer a una muñeca de cera que viajó a principios del siglo XIX con su dueña al Far West en ferrocarril, y que cien años más tarde volvió a Europa, y donde descansa un ratoncillo de madera egipcio de 4.000 años de edad. Aquí dejo esto.

Y, para acabar, escribiré un poco sobre el señor John Soane y su casa. Este señor era arquitecto y se casó con una ricachona. Yo creo que, además, era un aficionado a las drogas recreativas, porque si no no se entiende la casa que se construyó. El sótano es una mezcla entre capilla neogótica y catacumbas romanas, en cuyo epicentro, y bajo una cúpula de cristales de colores, reposa el sarcófago del faraón egipcio Seti, ahí es nada. La capilla está dedicada a un tal Padre Giovanni, un personaje de su invención, y en ella reunía a sus amigos para tomar el té. La planta baja es otro laberinto de restos romanos traídos de excavaciones en Italia y moldes, bustos y pequeñas habitaciones, con sus cúpulas de cristal, claro, llenas de espejos y retratos de Fanny, la perra de la mujer de Soane. Entre estas pequeñas habitaciones destaca la de las pinturas, que guarda más de cien cuadros. ¿Que cómo caben todos ellos en una habitación de reducidas dimensiones? Ah, eso lo dejo para el que vaya a Londres y descubra el misterio.

🙂

Entre las pinturas destacan dos series de Hogarths, que era un señor que me encontré en diversos museos y que se dedicaba a reírse un poco de las costumbres y culturas londinenses de la primera mitad del siglo XVIII. Para más información, la wiki, que para eso está. Otra habitación interesante en la planta baja es la habitación de Canaletto, donde tres fantásticos paisajes venecianos de este maravilloso pintor están ahí para mi regocijo y disfruta personal. Teniendo en cuenta mi fascinación de siempre por Venezia, el trabajo de Canaletto y Francesco Guardi, Roma y las ruinas romanas y griegas en general, las cúpulas y galerías de cristal, Egipto, las criptas, y los perros, en casa del señor Soane me sentí como en casa, oiga. Ni que la hubiese construido pensando en mí.

Y hasta aquí llega la crónica londinense. Atrás quedan tardes enteras en  la National Gallery, museos y curiosidades museísticas a cascoporro,Cambridge y sus backs, Oxford y la pizarra de Einstein, Stonehenge y las tavernas de Salisbury, la academia y los iraníes y las sudamericanas, el hot chocolate y los bizcochos de plátano del Pret a Manger, y muchas otras cosas que se van desvaneciendo y dejando sitio para otras nuevas que están por venir. Yque llegarán señaladas con otra etiqueta, naturalmente.

3 comentarios

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  1. Bob Row said, on 11 septiembre 2009 at 9:21 PM

    Leí tu comentario en inglés sobre Las Dos Culturas en Gloriamundi y luego, todos tus reportes desde Londres.
    Me divertí mucho con ese extraño lenguaje que se usa en Barcelona. Bueno, no es tan grave; me he perdido de entender a algún buen autor traducido en Madrid porque en la Editorial no se molestaron en corregir la jerigonza de bajo fondo del traductor.

    Tu comentario en inglés fue muy parco, pero tu fe en el valor de la psicología cognitiva es conmovedor. Creo que el señor Skinner hizo avanzar mucho a la Psicología Conductista desde que Pavlov experimentó con sus perros; él lo hizo con su hija. Y después te extrañás de tanto loco en Londres hablando solo.

    Aunque ya te habrás dado cuenta de que soy uno de esos argentinos que toman mate, hablan mucho y te hacen vomitar, no me voy a extender.

    Creí haber dejado en claro en el post que prefiero leer a Freud y a Shakespeare a mirar esos bonitos diagramas con las zonas del cerebro que se activan cuando mirás el retrato de Godzilla o de la persona que amás.

    Freud también confiaba en que algún día la biología conseguiría explicar las complejidades del sufrimiento humano. Mientras tanto se dedicó a escuchar ese sufrimiento. Todavía no he visto un diagrama que explique por qué una persona cree desear algo y luego se boicotea conseguirlo.

    Pero qué puedo saber yo, que soy un sudaca de Buenos Aires y no vivo en tu Primer Mundo. No obstante, sé que en Barcelona quedan algunos trogloditas freudianos porque una prima mía (argentina) y su marido (catalán) dirigen allí una escuela lacaniana y viajan a conversar con su amigo Miller en París. Pero hace años que no los veo; el exceso de lacanismo me desarregla las tripas a mí también. ¡Salud y pesetas!

  2. Just Cosmetic said, on 12 septiembre 2009 at 2:58 AM

    Hola, Bob! Yo soy fan, más que de la psicología cognitiva, de la ciencia cognitiva, que recoge disciplinas distintas: psicología cognitiva, neurología y biología molecular aplicadas al estudio biológico de los procesos mentales. Si pasamos todos los datos que estas áreas nos han aportado durante los últimos treinta años (o pongamos cincuenta, desde el descubrimiento del ADN) por la batidora de la evolución, resulta que comenzamos a entender qué es eso de la fidelidad, la promiscuidad, los celos, el amor romántico, el sentido de la justicia y de la injusticia, la indignación, la angustia existencial, la consciencia de uno mismo … todas estas cosas que antes eran cuestiones filosófico-metafísicas y ahora son las preguntas científicas punteras del siglo XXI, igual que hace cien años era la física cuántica lo que pegó un gran estirón en nuestra comprensión del mundo (a pesar de que luego se quedó en un punto muerto y en eso están los pobres físicos).
    Pero eso no quiere decir que no me guste leer ni que desprecie la cultura. Al contrario, hace que valore todavía más las maravillas que pueden llegar a salir de la misteriosa mente humana. Cuanto más sabemos sobre ella, más sabemos que nos falta por saber.🙂
    Saludos
    p. d. Por cierto, Freud era grande. Y Skinner también. Cada uno a su manera.

  3. Arenaysal said, on 16 mayo 2016 at 2:10 AM

    Así, a bote pronto pensé, que “pesao” que es este tío. Después de adentrarme un poco mas en el contenido, empezó ha hacerme gracia,al final, te ha salido algo simpático, no es lo que esperaba para enterarme de que visitar en Londres, pero es divertido, creo que volveré a leerte.


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