Cosmos and Cosmetic.

Día 9. Reservas de glucógeno: bajando!

Posted in Londres by Just Cosmetic on 15 agosto 2009

Al final, el martes pasado, hice la siesta. Aunque luego todavía estaba más cansada. Creo que es la comida -o, mejor dicho, la mala y escasa comida- lo que me agota con facilidad.  Afortunadamente, ahora mismito vengo de meterme unos spaguetti al ragú entre pecho y espalda, gracias a los cuales he recuperado mis reservas energéticas y podré escribir un poco. Pero  no os creáis que me he pasado la semana olisqueando las bolillas de las sábanas, nada más lejos de la realidad.

Durante estos días, tal y como tenía planeado, he explorado el Soho y Bloomsbury de día. Bloomsbury me ha parecido un barrio aburrido pero peculiar, un poco raro. En los Gordon Square Gardes me encontré con un montón de freaks, así que me senté en un banco junto a uno de ellos, sintiéndome como en casa. Había, un banco más a la izquierda, dos tíos muy delgados, cuyo nivel ínfimo de grasa corporal y tamaño y forma de gafas indicaban que estaban hablando de alguna importante cuestión sin resolver todavía por los matemáticos. Un poco más al fondo, un viejo hacía tai-chi con gran rapidez, igual porque tenía prisa. En otro banco, a mi derecha, un señor hablaba solo -todo un clásico de los parques de todo el mundo- y, finalmente, sentado a mi lado, un chaval con traje negro, botines y bicicleta, permanecía sin moverse, las manos en el regazo, mirando fijamente un punto -que yo no logré identificar- frente a él. Parecía Pinocchio instantes antes de cobrar vida, en el almacén de Gepetto. Me pregunté qué estaría pensando y casi me entró la ternura -ya sabéis, mi sistema límbico a todo trapo-, pero luego se me ocurrió que quizás fuera un psicokiller en potencia que se había sentado en el banco como ejercicio de autocontrol, para evitar ponerse a matar transeúntes. Así que al final -gracias a mi amígdala, que siempre está tan sobreexcitada- no me dejé llevar por la empatía y pude salir de allí antes de morir estrangulada.

Un poco más abajo, en el mismo Bloomsbury, se encuentra Russell Square. Frente a este cuadrado ajardinado se halla el Hotel Russell, que es impresionante. Y en medio de la plaza, llena de césped, árboles y flores, hay una pequeña fuente a nivel del suelo. Los chorros no son muy llamativos. De hecho, el chorro central, que es el más alto, no debe superar el metro y medio de altura, y los que lo rodean no se elevan más de 30 cm. Sin embargo, alrededor de la fuente se produce algo especial. Es por culpa de -o gracias a- los bancos, distribuidos en un círculo que se cierra a pocos metros  de los chorros, rodeándolos. Los que estamos sentados en estos bancos miramos, queramos o no, al agua que brota del suelo. Algunas personas escriben, otras leen. La mayoría descansan. Pero esta proximidad provocada por el círculo me da la sensación de que, inconscientemente, todos compartimos algo. Como si nos dejásemos caer allí sintiendo lo mismo, en el fondo. Algo que los que pasan por la plaza a toda prisa no son capaces de detectar. Me levanto y me alejo, y este efecto desaparece. O es que necesito caminar para que el riego sanguíneo me llegue de nuevo hasta el cerebro para dejar de ver revelaciones paranormales en el sistema de aguas de la capital del imperio.

Respecto al Soho, poco hay que añadir. Aparte que volví a encontrarme con Carla por sus calles, y esta vez decidimos interpretar esta señal y quedar en el mismo punto unas horas más tarde para cenar. Acabamos cenando chino por Camden Town, que no nos pareció el colmo de la chavalería, al menos un martes por la noche. La noche siguiente, la del miércoles, volví con ella al Chesire Cheese, que está en la City. Como se dedica al diseño de producción publicitaria y esas cosas de atrezzos y decoraciones, supo apreciar el valor del paso de los 343 años del local. Allí cenamos el clásico del fish and chips, que es pura bazofia, claro.

Por cierto, que la china me mandó las fotos que hizo el sábado pasado en éste, mi pub favorito.

Interior de una de las habitaciones de la planta baja. Nótese que el camarero es muy mono. Es australiano.
Interior de una de las habitaciones de la planta baja. Nótese que el camarero es muy mono. Es australiano.

Exterior del pub. El señor que aparece es un vecino de por allí que se ve que pasa su tiempo libre amorrado a la barra, porque su familia vive en Shangay. Sí, cosas que no se entienden. Pero mirad qué sonrisa tan simpática tiene, el hombre.
Exterior del pub. El señor que aparece es un vecino de por allí que se ve que pasa su tiempo libre amorrado a la barra, porque su familia vive en Shangay. Sí, cosas que no se entienden. Pero mirad qué sonrisa tan simpática tiene, el hombre.

Pero, una vez vistos y revistos Bloomsbury, el Soho y la City, yo me quedo con Covent Garden, sus maravillosas tiendas de ropa y sus teatros. El jueves fui a ver Chicago, el musical, que también es bastante bazofioso, aunque la protagonista pelirroja era un portento de señora.

Y hasta aquí hemos llegado por hoy. El ragú alimenta, pero no da para tanto. Además, he dormido cinco horas y eso, a mi edad, se nota. Ayer salí con Marc y dos manresanos espontáneos. Estuvimos en unas estancias con olor y aspecto de catacumba que se encuentran bajo el London Bridge, donde se celebró una fiesta temática con actores disfrazados de animales y todo un atrezzo montado al más puro estilo sideshow. Me encantó. Y después acabamos en un par de tugurios de Old St. , entre los rehabilitados Spitalfields y Shoreditch, donde, según la Lonely Planet, se encuentra “la zona cero de la modernidad londinense”. No sé exactamente qué quiere decir esa expresión, pero me temo que sea -aunque quizás el que la escribió no lo sepa- del todo irónica.

3 comentarios

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  1. marc said, on 16 agosto 2009 at 10:31 AM

    Las catacumbas que decíamos! Geniales! Más info a http://www.shunt.co.uk/ Abrazotes!😉

  2. Just Cosmetic said, on 16 agosto 2009 at 12:13 PM

    Gracias!! Porque no sabía dónde coño habíamos estado, chaval!!

  3. I wanna be somebody´s else bitch said, on 26 agosto 2009 at 4:02 AM

    Un muchacho con traje, botines y una bici tierno? Estamos locos o qué? Ese era un psicópata seguro…
    Que entretenido me tienes oye. No tengo trabajo…


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