Cosmos and Cosmetic.

El tamaño sí importa.

Publicado en And I think to myself... What a wonderful world! por Just Cosmetic en 27 septiembre 2009

La ciencia mola. Deberían decírselo a los chavales. Deberían hacer una campaña tipo “Póntelo, pónselo”. En serio. Y además permite molar en las reuniones de amigos. Y ahora no voy a hablar de jerarquías, pero que conste que podría decir cosas que harían abrir la boca del mismísimo Roy Batty.

Unos cuantos datos para molar (o como digan ahora los adolescentes, que no tengo ni idea, y sé que esto de “molar” suena muy nineties, tipo “Hablando se entiende la basca” y esas cosas que veíamos los de mi generación):

Grupo de datos  1. A pesar de diferencias entre razas, tan evidentes a simple vista, genéticamente los humanos somos una especie poco común  precisamente porque somos muy uniformes: tres humanos de cualquier lugar del mundo diferirán genéticamente mucho menos de media que tres chimpancés de diferentes hábitats de África. Existe más variación  dentro de un grupo étnicamente homogéneo que entre una población étnica y otra.

Y ahora unos datos anecdóticos sobre el sexo en distintos tipos de primates. Vamos allá.

Grupo de datos 2. Los chimpancés adultos machos intentan copular con todas las hembras adultas de su grupo, y sus enormes testículos nos sirven de indicativo de que existe una competitividad sexual masculina muy intensa. Pobres, qué estrés. En cambio en los bonobos, otra especie de primates muy cercana a nosotros y que se caracterizan por una orgiástica actividad sexual,  son muy  frecuentes (y fervientes) las cópulas lésbicas que  han generado, además de unos clítoris muy grandes,importantes alianzas femeninas que ayudan a mantener un equilibrio en la administración del poder en el grupo. Por último, entre los gorilas, ningún macho se atreve a retar el control sexual que el líder de espalda plateada mantiene sobre todas las hembras adultas, y debido a esta ausencia directa de competición sexual masculina, estos enormes primates tienen testículos diminutos.

Sacado de “On the origin of stories”, de Brian Boyd. Un crackazo. Me lo acabo de acabar.

Ahí queda eso. ¿Y dónde nos quedamos los humanos? ¿Cómo son nuestros testículos, comparativamente hablando? ¿Y nuestros clítoris? Pues esto lo explico otro día. O se puede leer en este maravilloso libro llamado “The myth of monogamy”, de la simpática pareja formada por David P. Barash y Judith Eve Lipton.

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