Cosmos and Cosmetic.

El vídeo de Anna Frank.

Posted in 1, And I think to myself... What a wonderful world! by Just Cosmetic on 9 octubre 2009

Han descubierto hace poco un video casero de una boda en el que aparece Anna Frank, mirando desde la ventana de su encierro en Amsterdam. Aquí.

p. d. He pillado de casualidad en la radio la versión del Hallelujah de Leonard Cohen por el insufrible de Rufus Wainwright, que qué irritante voz tiene y qué mal me cae, así en general. Es que no le soporto, ni a él, ni a su soporífera música ni a su puto piano. Argg, y su hermana también, qué asco! Y me he acordado del pobrecito de Jeff Buckley, que hizo una versión que hasta el mismísimo Cohen dijo que era mejor que el original.Ésto es una versión, coño!

Pobrecico el Buckley, de verdad, y como dice siempre mi madre, “La vida es una mierda!”.

Buenos días. :)

Love story.

Posted in And I think to myself... What a wonderful world! by Just Cosmetic on 7 octubre 2009

He aquí el inicio de una historia de amor:

[17:20:29] M: ya, bueno, pero a ratos pensaba: joder qué viejo y qué cascao está, pero lo veo que me mira con esa carita de viejo con los ojos hundidos y me enternezco?!?!

[17:20:37] M: diosss, estoy como una cabra??

[17:20:54] B: JAJAJAJJAJAJAJAJ

[17:21:10] M: JIJIJIJIJIJIJI ESTO SON LAS REBAJAAAAAS!!

[17:21:14] B: me encanta lo de la “me mira con esa carita de viejo con los ojos hundidos y me enternezco”, puedo ponerlo en mi blog?

[17:21:20] B: JAJAJAJAJAJAAJA

[17:21:31] B: señora, que lo tengo calentito, que me lo quitan de las manos… JAJAJAJAJAJA

[17:21:36] M: SÍIII PERO NO CITES LAS FUENTES, PERRA!!

[17:21:41] B: jajajajajaajajajajajja

[17:21:56] M: PUES ES REAL COMO LA VIDA MISMA, TIA

[17:22:18] M: CON SUS PEQUEJOS OJOS VERDES HUNDIDOS TRAS LAS GAFAS, NI MÁS NI MENOS, claro que me mira con esa mirada de felpudo, sabes? la mirada de: quiero ser una alfombra para que me pises con tus pies

[17:23:22] M: esa mirada que todos tenemos cuando estamos enamorados MUY MUY AL PRINCIPIO

[17:23:37] M: y, honestamente, tal vez yo también lo miro de la misma manera, no lo descarpo

[17:23:41] M: descarto, sorry

[17:23:50] B: jajajajajaajaj

[17:24:07] B: ves? ya sabía yo que ibas a caer al vergonzoso sumidero del amor, perraca, más que nunca!!

La adicción a la oxitocina y sus consecuencias.

Posted in Mañana empiezo by Just Cosmetic on 30 septiembre 2009

Pienso en los últimos diez años. Durante este tiempo he aprendido y experimentado algunas cosas útiles. Ahora sé lo que es sentirse parte de un grupo, de un clan. También sé lo que es sentir que te quieren y se preocupan por ti y disfrutar de la amistad hasta casi el paroxismo. Qué raro suena pero qué real. Por esto mismo, por sentir el calor humano, he pasado una década intentando no ir a ningún sitio. Tampoco sabía adónde debía ir, porque estaba demasiado ocupada intentando saber quién era y quién me podría querer a mí y por qué motivos. Dando vueltas sobre mí misma, viajando, amando y desamando a partes iguales.

Ahora vuelvo a estar en el punto donde empecé, pero al menos sé de dónde vengo y dónde estoy. Y aunque sigo sin saber adónde voy, al menos eso ya no me importa. Justo eso es lo que me pone, por fin, en funcionamiento. He recuperado la ilusión y la confianza en hacer realidad mis sueños, aquello que perdí al llegar a la edad adulta. Pasada esta década, me descubro sintiendo y pensando como cuando era una niña, cuando todo era posible. Hoy todo es posible. Hoy empieza todo. Y cuando digo todo me refiero a la próxima década, una en la que voy a preocuparme, por fin, de pensar en lo que quiero yo, no en lo que me quieran los demás.

p. d. 1. No pienso repetir un post de este estilo, de reflexión egocéntrica tendente al patetismo. Me dan arcadas cuando lo releo. Pero es que hoy no puede tocar otra cosa más que esto. Y además esto es mi blog, no te jode!

p. d. 2. Hoy me he cruzado con los Green Day en el Passeig del Borne. Pero que conste que este encuentro no tiene nada que ver con el tono del post escrito. Que una ya tiene una edad. Y unos gustos, también. :)

p. d. 3. Un rato más tarde me he encontrado con el argentino que me hizo vomitar. Afortunadamente, soy de reflejos rápidos y lo he esquivado.

El tamaño sí importa.

Posted in And I think to myself... What a wonderful world! by Just Cosmetic on 27 septiembre 2009

La ciencia mola. Deberían decírselo a los chavales. Deberían hacer una campaña tipo “Póntelo, pónselo”. En serio. Y además permite molar en las reuniones de amigos. Y ahora no voy a hablar de jerarquías, pero que conste que podría decir cosas que harían abrir la boca del mismísimo Roy Batty.

Unos cuantos datos para molar (o como digan ahora los adolescentes, que no tengo ni idea, y sé que esto de “molar” suena muy nineties, tipo “Hablando se entiende la basca” y esas cosas que veíamos los de mi generación):

Grupo de datos  1. A pesar de diferencias entre razas, tan evidentes a simple vista, genéticamente los humanos somos una especie poco común  precisamente porque somos muy uniformes: tres humanos de cualquier lugar del mundo diferirán genéticamente mucho menos de media que tres chimpancés de diferentes hábitats de África. Existe más variación  dentro de un grupo étnicamente homogéneo que entre una población étnica y otra.

Y ahora unos datos anecdóticos sobre el sexo en distintos tipos de primates. Vamos allá.

Grupo de datos 2. Los chimpancés adultos machos intentan copular con todas las hembras adultas de su grupo, y sus enormes testículos nos sirven de indicativo de que existe una competitividad sexual masculina muy intensa. Pobres, qué estrés. En cambio en los bonobos, otra especie de primates muy cercana a nosotros y que se caracterizan por una orgiástica actividad sexual,  son muy  frecuentes (y fervientes) las cópulas lésbicas que  han generado, además de unos clítoris muy grandes,importantes alianzas femeninas que ayudan a mantener un equilibrio en la administración del poder en el grupo. Por último, entre los gorilas, ningún macho se atreve a retar el control sexual que el líder de espalda plateada mantiene sobre todas las hembras adultas, y debido a esta ausencia directa de competición sexual masculina, estos enormes primates tienen testículos diminutos.

Sacado de “On the origin of stories”, de Brian Boyd. Un crackazo. Me lo acabo de acabar.

Ahí queda eso. ¿Y dónde nos quedamos los humanos? ¿Cómo son nuestros testículos, comparativamente hablando? ¿Y nuestros clítoris? Pues esto lo explico otro día. O se puede leer en este maravilloso libro llamado “The myth of monogamy”, de la simpática pareja formada por David P. Barash y Judith Eve Lipton.

Spinning.

Posted in Mañana empiezo by Just Cosmetic on 13 septiembre 2009

Mañana lunes empiezo con el spinning. El físico y también el mental. Por éstas.

p. d. Digamos NO a las piernas de vieja!

Conclusión y últimas observaciones.

Posted in Londres by Just Cosmetic on 9 septiembre 2009

Pues ya estoy de vuelta. Ahora me sabe mal haber tenido este blog tan abandonado las últimas semanas, porque lo que no escribo lo recuerdo peor, sin todo ese adorno que son las palabras. Porque, y ahora me voy por las ramas -alehop!- soy de la opinión de que todo lo que se escribe se convirte, por arte de magia, en ficción. Por mucho que queramos ser fieles a la realidad, ésta muta en todo momento, y yo casi diría que ni existe, así que nos tenemos que conformar con lo que imaginamos que es.

A lo que iba, que escribí menos de lo que hubiese querido, y por culpa de mi vagancia y otras distracciones, algunas lúdicas y otras no tanto, pues al final me quedo con un batiburrillo de días en mi cabeza, de números de autobuses, de nombres de calles, de imágenes, de caras  y, sobretodo, de emociones. De todos los descubrimientos que he hecho, sólo he dejado constancia aquí de unos cuantos. El resto flotan desorientados por el laberinto de mi cerebro buscando un lugar tranquilo donde dormir hasta que algún accidente externo fortuito los despierte y me haga recordar su existencia de nuevo.

Sin embargo, y antes de cerrar la tapa de esta estancia en Londres, voy a escribir sobre unas cuantas cosas. Más que nada porque están señaladas en la libreta donde guardo mis apuntes de aquello sobre lo que después quiero escribir, y que, en la mayoría de las ocasiones, acabo por no escribir. Serán los remordimientos por ser tan perra los que me hacen ponerme ahora tan pesada con esto. Allá van.

En una de las enormes salas del Victoria and Albert Museum, que ya de por sí es para mear y no echar gota, tienen expuestos las copias en escayola de un montón de monumentos internacionales. Se ve que, a mediados del siglo XIX, un grupo de colgados del museo se dedicó a viajar por el mundo y hacer los moldes de todo lo que pillaban por banda. Revueltas, como fichas del dominó antes de la partida, conviven en esta sala las copias del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, la columna de Trajano de Roma, la cara de la reina Elizabeth I -gracias a la cual confirmé el parecido más que razonable con mi abuela, y que conste que hablo de la que no sufrió en toda su vida, no la del marido ahorcado-, tumbas góticas… Explicado aquí no tiene mucha gracia, pero el efecto, cuando te encuentras con todo esto, es impresionante. Básicamente porque está todo mezclado, y es un laberinto de diferentes épocas, y tienes la sensación de que todo lo que ha pasado en el mundo, a lo largo de miles y miles de años, ha sido mentira, una representación, de la que ahora puedes ver el atrezzo. Como cuando ves un almacén lleno de cosas del teatro, escenarios y muebles y disfraces, de distintas obras, todas juntas. Todo es puro teatro. Por eso esta sala me encantó, porque era como el backstage de la historia. O eso me pareció a mí.

El Victoria and Albert Museum es para pasarse días, es un laberinto total de las cosas más sorprendentes. Como el leitmotiv del museo son las artes decorativas, pues, ala, cabe de todo, desde una cafetera de último modelo a un cojín de esos que se ponían las damas victorianas bajo la falda en el culo para hacerlo más respingón que, al sentarse su dueña, activaba un mecanismo musical en su interior que tocaba la tonada del “God save que queen”. Juro que es esto es cierto.

Otro recuerdo que voy a dejar guardadito aquí es el del Pollock’s Toy Museum, una casa parte de la cual data de los 1780s y que cruje con cada paso que das, donde tienes que subir y bajar escaleras con la espalda encorbada por sus dimensiones de hobbit, donde guardan los ositos Teddy más antiguos -y más adorables- que se conocen, e incluso uno vestido a la moda de la Primera Guerra Mundial, donde puedes conocer a una muñeca de cera que viajó a principios del siglo XIX con su dueña al Far West en ferrocarril, y que cien años más tarde volvió a Europa, y donde descansa un ratoncillo de madera egipcio de 4.000 años de edad. Aquí dejo esto.

Y, para acabar, escribiré un poco sobre el señor John Soane y su casa. Este señor era arquitecto y se casó con una ricachona. Yo creo que, además, era un aficionado a las drogas recreativas, porque si no no se entiende la casa que se construyó. El sótano es una mezcla entre capilla neogótica y catacumbas romanas, en cuyo epicentro, y bajo una cúpula de cristales de colores, reposa el sarcófago del faraón egipcio Seti, ahí es nada. La capilla está dedicada a un tal Padre Giovanni, un personaje de su invención, y en ella reunía a sus amigos para tomar el té. La planta baja es otro laberinto de restos romanos traídos de excavaciones en Italia y moldes, bustos y pequeñas habitaciones, con sus cúpulas de cristal, claro, llenas de espejos y retratos de Fanny, la perra de la mujer de Soane. Entre estas pequeñas habitaciones destaca la de las pinturas, que guarda más de cien cuadros. ¿Que cómo caben todos ellos en una habitación de reducidas dimensiones? Ah, eso lo dejo para el que vaya a Londres y descubra el misterio.

:)

Entre las pinturas destacan dos series de Hogarths, que era un señor que me encontré en diversos museos y que se dedicaba a reírse un poco de las costumbres y culturas londinenses de la primera mitad del siglo XVIII. Para más información, la wiki, que para eso está. Otra habitación interesante en la planta baja es la habitación de Canaletto, donde tres fantásticos paisajes venecianos de este maravilloso pintor están ahí para mi regocijo y disfruta personal. Teniendo en cuenta mi fascinación de siempre por Venezia, el trabajo de Canaletto y Francesco Guardi, Roma y las ruinas romanas y griegas en general, las cúpulas y galerías de cristal, Egipto, las criptas, y los perros, en casa del señor Soane me sentí como en casa, oiga. Ni que la hubiese construido pensando en mí.

Y hasta aquí llega la crónica londinense. Atrás quedan tardes enteras en  la National Gallery, museos y curiosidades museísticas a cascoporro,Cambridge y sus backs, Oxford y la pizarra de Einstein, Stonehenge y las tavernas de Salisbury, la academia y los iraníes y las sudamericanas, el hot chocolate y los bizcochos de plátano del Pret a Manger, y muchas otras cosas que se van desvaneciendo y dejando sitio para otras nuevas que están por venir. Yque llegarán señaladas con otra etiqueta, naturalmente.

El suicidio del abuelo.

Posted in Cosas de familia by Just Cosmetic on 4 septiembre 2009

Hace años que quiero escribir la historia de mi familia. La de las dos familias, la de mi padre y la de mi madre. Sus historias son la historia de la España del siglo XX, como todas las historias de las familias de los españoles del último siglo, claro. Pero yo sólo conozco en profundidad a estos personajes, a mis abuelos, a mis tíos. Y de ellos quiero hablar. Sobretodo de ellas, que fueron las que se llevaron la peor parte. Pero no sólo hablaré de pobreza y sacrificio -aunque de eso hubo, y mucho- también hablaré de cómo sobrellevaron sus respectivas cargas, con humor, con carcajadas, con fiesta y jarana.Y cómo nos transmitieron esa visión irreverente de la vida a nosotros, o al menos lo intentaron.

Esta mañana me estaba planchando el pelo en el lavabo y he pensado en lo longevos que fueron mis abuelos. Bueno, todos menos el padre de mi madre. Éste se suicidó. Creo que es una buena manera de comenzar a explicar la historia de la lucha por la supervivencia, a pesar de las dificultades, de todas esas personas gracias a las cuales yo ahora estoy aquí, en una habitación de hotel de Londres, planchándome el pelo y eligiendo con cuidado la ropa que voy a ponerme hoy.

Mi abuelo se suicidó. La verdad es que con este acto hizo un favor a su familia, aunque seguro que no pensaba en ellas cuando se colgó de una soga en la cocina. Lo encontraron mi abuela y mi tía. No sé si llamaron a la policía y esperaron con los pies del abuelo a unos centímetros del suelo o si corrieron a descolgarlo. Me puedo imaginar a mi tía subida a un taburete cortando la cuerda mientras mi abuela se preparaba para aguantar el peso de su marido muerto sobre sus brazos. Pero sería la última vez que soportaba su peso. Paradójicamente, mientras los brazos de ella rodeaban las piernas de él y la espalda de ella se curvaba, tensando todos los músculos del cuerpo, se estaba quitando un peso de encima. Un peso que había llevado, en silencio, durante casi cuarenta años. Aunque ese secreto permanecería con ella muchos años más, hasta que el Alzheimer pudo más que la voluntad de no decir nada. Sólo entonces, cuando  ya no reconocía nuestras caras, cuando no sabía a quién se lo contaba, fue capaz de explicarles a sus hijas todo lo que había tenido que soportar. Sólo cuando se perdió a sí misma fue capaz de ser ella misma y, por fin, dejarse ir y llorar.

Día 28. Trastornos Mentales II.

Posted in Londres by Just Cosmetic on 1 septiembre 2009

La semana pasada me sentí un poco exiliada. Por una parte, lpor a loca de la 402, de la que ya hablaré más adelante, porque no tiene desperdicio y mejor lo dejo para luego. No tenía ganas ningunas de ir al hostel. Y por la otra, por el pesado de la academia de inglés, del que voy a hablar ahora, que hizo que dejase de tener ganas de ir a clase. Pobre, él no tiene la culpa de que yo no soporte a la gente como él.

Gasman -no sé cómo se escribe pero suena así, como el hombre del gas, vamos, el butanero!- es un chico albano de clase, con pinta de trapicheador. Le pones un traje a rayas y le colocas una metralleta en las manos y ya está, ahí tienes un gangster italiano, griego, croata o como lo prefieras. A tu gusto. Él dice que es actor, y me lo creo. Porque siempre tengo con él la sensación de que está haciendo un papel. En este caso, el papel de educado y humilde chico albano que intenta aprender inglésy que quiere ser actor. Sea como sea, me incomoda. Aunque también me hace sentir culpable, porque igual es tan buena persona como él quiere hacernos creer. Así que, sea com fuere, no me gusta su compañía. Sin embargo, a Gasman parece gustarle la mía, y por eso ya no disfruto de ir a la academia, porque en cualquier momento puedo encontrármelo y tener que soportar su presencia e incluso su conversación. Es que no puedo con él, no puedo.

Y luego también tuve que huir, como ya he dicho, de la loca. Cuando el otro día, el día del último post, entré en la habitación a dejar el portátil, me la encontré en tetas, hablando para si misma. Luego se metió en el baño, mientras yo permanecía en el cuarto, y entonces ya pudo poner su tono normal, el de loca, hablando atropelladamente y diciendo “she” todo el rato, que era lo único que yo podía entender. Y yo muerta de miedo pensando: ¿se referirá a mí? ¿estará enfadada porque la he visto en tetas? Ay, madre.

Así que luego me iba a la academia y me tocaba sentarme con Gasman, el butanero albano, y conversar con él a partir de unas preguntas que nos teníamos que hacer unos a otros. Y él siempre se metía en temas personales y me explicaba sus tristezas existenciales. Qué horror. Al día siguiente vino con un jerseycito de pico sin camiseta debajo, enseñando todo el pechamen peludo y un collar como de coral. Un asco, terrible.

Y yo sin el francés para consolarme, porque Le Petit Prince vino una semana y nunca más se le vio, que digo yo que igual se subió a una nube de caramelo y partió para su planeta. Qué pena. Suerte que esos días, Valery y yo hicimos migas -nunca mejor dicho, porque nuestra interacción se producía en el intermedio del lunch- con el iraní con cara de buena persona. Se llama Bonzou, que parece nombre de teleñeco, y nos contó cosas sorprendentes sobre su vida. Sobretodo lo de que tuvo una novia quince años mayor que él, divorciada, que le propuso irse a vivir juntos y todo. Y eso que vive en Teherán y él tiene 20 años! ¿Pero qué está pasando con los países árabes? Casi me escandalizo. Al cabo de un par de días me aclaró que todo esto se hace en su país al estilo underground, como las fiestas que montan, que en la última se apuntaron 800 personas, con alcohol y todo, que su amigo organizador se gastó un pastizal. Pero es que Bonzou es ateo y su familia también, ya le he dicho que tenga cuidado, que ya sabemos cómo se las gasta el colega.

A todo esto que la semana pasada me enamoré de tres señores que conocí en la National Portrait Gallery, un lugar que, de por sí, es muy interesante y donde descubrí que la reina Elizabeth I se parecía bastante a mi abuela y que Sir Walter Raleigh era clavadito a mi primo Juan y a mi prima Emma. Bueno, pues los caballeros que me hicieron suspirar fueron el príncipe Rupert, duque de Bavaria, hijo de Elizabeth y Frederick de Bohemia y nieto del rey James I, y sobrino del rey Charles I, que fue aquel depuesto y ejecutado por nuestro odiado Cromwell. En el retrato de la Gallery es clavadito al pedorro de Orlando Bloom pero con más clase. Según ponía en la etiqueta era un “keen scientist, inspiring commander in Civil War (against Cromwell y sus sucios parlamentaristas!), early mezzotint printmaker and skinful tennis player”. :)

Luego me enamoré de John Wilmot, que se murió el pobre con 33 años (qué pena que me dio al leer las fechas!) y que fue el segundo Earl of Rochester. Éste era “poet and courtier, known by his satirical wit and licentioussness”. Maravilloso, isn’t it? Charles II dismissed him twice a year. Qué dulce. En el retrato aparece un mono con el que juguetea y según el cartelito lo hace por “self-mocking”. Qué chico más divertido.

Por último, descubrí a Charles Waterton, que con 34 años se fue a recorrer el mundo y se estuvo 8 años de viaje,  y después volvió a England y se pasó los 40 años restantes creando un santuario de pájaros en su mansión. En el retrato, aparece con un pajarillo aferrado a su dedo y la cabeza de un gato de pisapapeles. Claro que sí, un hombre de principios!

Y ahora voy a explicar el final de la historia de la loca. Resulta que después de tres días ya no podíamos más, y pedimos que nos cambiaran de habitación. La loca se quedó sola pero eso fue todavía peor. Sin gente a su alrededor, dejó de controlarse y se pasó la noche del viernes al sábado gritando, desde las nueve de la noche hasta las siete de la mañana. Las de la habitación de al lado no pudimos pegar ojo. Ponía distintas voces, movía la litera, hacía ruidos, cambiaba las voces como si fuese distintas personas… decía cosas como “Get out of me!”, “Fuck off and die!” y “Kill them all!”. Realmente daba mucho miedo. Y pena. Pobre chica, debe ser horrible no poder controlar tu cabeza. Al día siguiente hablamos con recepción de nuevo  y yo me fui a dormir a casa de Melisa, la hermana de mi amiga Karol, porque necesitaba descansar un poco. El domingo, cuando volví al hostel, ya se había ido. Y me dijeron que no la van a dejar hacer bookings. Así que no sé qué ha sido de ella. Yo creo que deberían haber llamado a algún Mental Health Centre para que alguien se hiciese cargo de la situación. Por su propio bien. No está bien que vaya dando tumbos por ahí sin que nadie si preocupe. Podría estar medicada y bien, joder. No sé, es lo que yo pienso.

p. d. Un rincón muy bonico que descubrí el otro día, husmeando por Regent’s Canal.

Y no explico nada más porque realmente tengo que dedicarme a otras cosas. Mañana viene mi amiga Carme, alias “la Abuela”, con su novio J. A. alias “el Ceporro”. Qué ganas tengo de verles!!!!

Día 19. Trastornos mentales.

Posted in Londres by Just Cosmetic on 24 agosto 2009

Antes de nada, una aclaración: Cromwell prohibió la Navidad, los bailes, el teatro y todo lo que resultara entretenido. No nos extrañemos, pues, de que después su cabeza colgara durante veinte años de la entrada de la abadía de Westminster. Normal que le odien los ingleses. Ni monarquía ni políticas liberales ni mandangas. Este nuevo dato la explica -y justifica- todo. Hasta las incoherencias de Morrisey.

Zanjada ya esta cuestión, vuelvo a la carga con esto del blog, porque ya he acabado con el grueso -como el intestino- de mi trabajo aquí. Quedan algunos flecos por recortar, pero eso poco a poco, sin este estrés de estos últimos días. Que digo estrés como podría decir ambipúr, porque de estrés nada, que a mí me entra la locura del trabajo y soy feliz en ella durante un tiempo. Y así ha sido. Que me he pasado tres días encerrada en el hostel, con el portátil de la cama a la mesa del bar y al revés, más contenta que un xínxol.

Y eso que la semana pasada fue dura, porque tenía que trabajar -pero me costaba, me costaba- y también por culpa del cavernícola de Matera y el resto de compañeros de habitación o zulo, que aquello parecía el camarote de los hermanos Marx. Afortunadamente, tengo un ángel salvador. El recepcionista portugués, que se llama Francisco, y habla español, y es encantador además, me ha arreglado mis bookings para lo que me queda de estancia -que son dos semanas- y me ha conseguido precios más baratos y una habitación de chicas en el segundo piso que, cuando la vi, hizo asomar lágrimas en mis ojos de felicidad. Moqueta sin manchas, lavabo impecable, tranquilidad. Bueno, o eso creía, porque tengo un relato espeluznante que hacer de la habitación del pánico, que es el bonito nombre que le he puesto a la 402. Pero eso lo cuento luego.

Antes, voy a explicar el final de algunos personajes que aparecieron en episodios anteriores. El tirillas italiano fans total de Madonna se fue. Un día, mientras yo me depilaba las piernas y el cavernícola de Matera estaba en su cama con cara de confusión, como siempre, el tirillas cerró la maleta y se dirigió a la puerta. Yo, como buena periodista que soy, no pude menos que preguntar: “Oh, are you leaving?!. Él, con esa cara de suficiencia que ponen las maricas talifanes, me contestó: “Yes, I know hostels cheaper and cleaner than this”. Pues qué suerte, pensé yo. Dio un golpe de melena conseguida a golpe de plancha, se giró y se alejó por el pasillo. Nunca más le volvimos a ver.

Hasta dos días más tarde, en que me lo encontré, a él y a su portátil, en el bar. “Oh, you are back”. Le dije. Esta vez estaba menos crecidito: “Yes”, me dijo escuetamente. “No cheaper and cleaner hostel?” Le dije yo. “No”. Eso me temía. Y por aquí anda, o andaba, no sé, desde que vivo en el segundo piso no me mezclo con la gentuza de la planta baja.

:)

Respecto al cavernícola de Matera, se fue el mismo día en que conseguí cambiarme de habitación. ¿Os acordáis que dije que tomaba notas de todo? Pues el día de su partida me encontré un libretita verde raquítica, a la que habían arrancado muchas hojas -la pobre- sobre la repisa de la pica del lavabo. Tenía un postit pegado a ella, con una anotación en italiano, algo así como: “sigue tu camino y bla bla bla”. Uno de estos rollos buenrollistas, valga la redundancia. Abrí la libreta y vi que estaba lleno de frases y citas de intelectuales y literatos, todas en italiano. Así que el cavernícola era un poeta!! Un alma sensible!! Qué grima, menos mal que se ha ido. Ya sabía yo que tenía algo raro, que me hacía desconfiar. Umm.

¿De quién más tengo que hablar? Ah, sí, de Marilena. Pues no sé si le gustó Barcelona o no, aunque seguro que sí, tiene toda la pinta de que le guste Barcelona. No fui al final a la fiesta del viernes en la escuela de inglés, porque tenía que trabajar, ya sabéis, quitarme el grueso de encima. Así que no sé, no sé. Sin embargo, tengo noticias de Beaa, o mejor dicho, Be’yà, que es así como se escribe. Y esto lo sé porque me lo ha dicho, toma ya!, y me ha dado su mail y todo. Lo cierto es que el último día de clase suyo -porque ya no va a venir más a clase- me hice amiga suya, de ella y de Valery, la venezolana, que ya era amiga suya de antes. Sí, escribo como una retrasada mental o una niña de cinco años, pero es que las relaciones de este tipo, efímeras y superficiales por necesidad, se desarrollan así. El viernes, después de clase, nos pusimos a hablar como cotorras las tres y, en una hora, estábamos descojonándonos de un pobre ciego en la calle. Así que el próximo fin de semana, Alá mediante, quedaremos para hacer un karaoke o vete tú a saber qué. Lo que sea a mí ya me va bien.

La verdad es que Be’yà (pronunciado Bea, como yo) ha resultado ser una sorpresa. Además de ser guapa hasta decir basta, es divertida e inteligente, y trabaja en el mundo de las finanzas -que eso viste mucho- y habla francés e  inglés. Pero es que encima habla a la perfección  20 dialectos del árabe! Bueno, con eso me mató. Casi le hago la ola. Viva la gente que conoces por ahí, que es que te quedas tiesa con tanta diversidad planetaria. Y encima creo que es musulmana, en el sentido más religioso del término. Quiero decir que no reniega del Islam, y eso te lo dice mientras se recoloca la melena con sus uñas largas, con dos cojones. Debería ir a la tele a explicar las cosas que me explicó a mí, que es que somos todos unos ignorantes de lo de los demás. Valery también me cae muy bien, pobre, que de ella no hablo. Pero es que es más normal para mí, odia a Hugo Chávez y es química. Pues venga, a lo siguiente.

Lo siguiente es Edwin. Oh, Edwin, mi Edwin, qué criatura tan celestial. Edwin es un chico francés que llegó nuevo a clase la semana pasado, con el pelo tan rubio que es que me duele mirarlo, que parece el niño de Pipi Calzaslargas cogido por la cabeza y estirado hacia arriba hasta el metro noventa. Edwin, como digo, es alto y delgado, y no creo yo que tenga más de veinte años. Al principio, sólo me llamó la atención su pelo rubio, porque tenía pinta de pijo francés, que no es lo mismo que pijo belga, que me interesa mucho más, donde va a parar. Aunque, a pesar del polo, calzaba unas bambas destrozadas, con agujeros por todas partes, que delataban algo más allá de esa percha fina que se gasta. La cuestión es que el viernes nos pusieron juntos, con otras dos tías, a hacer un ejercicio. Se trataba de inventarnos un país y crear las leyes. Bien, pues se me ocurrió a mí hacer una dictadura, y nos pusimos a pensar las normas de conducta de nuestros súbditos, y descubrí que Edwin tenía un estupendo sentido del humor. Y luego hablamos de la democracia, y las drogas, y la policía, y un montón de cosas y comprobé, asombrada, que es una persona inteligente y sensata. Lo que me acabó de matar es que, luego, mientras discutíamos con el resto de la clase las leyes de cada grupo, uno de nuestros compañeros, un chico iraní con una cara de buena persona que te parte el alma, se puso a contarnos cosas sobre lo que está pasando en su país y Edwin y yo nos quedamos todo el intermedio entre clases hablando con él. Me encanta descubrir que hay chavalería con interés hacia algo más que las polladas que veo yo en los adolescentes, que me ponen enferma. Por eso Edwin me parece una criatura celestial. Y punto pelota.

Bueno, y ahora sólo me queda hablar de la habitación del pánico. Antes de eso, debo hacer una mención aparte a otras locuras observadas aquí. Que iba el otro día en bus y se me sentó un señor negro al lado. Unas filas por delante, tres italianos de mierda cantaban una canción. El negro los hizo callar con un grito que hizo que yo diese un bote a su lado. Y luego empezó a murmurar, para sí mismo: “tell them to be quiet, tell them to be quiet…” Qué miedín, virgencita. Me puse a mirar por la ventana como una poseída, no fuera que la voz que salía por sus labios le dijese que me matara o algo por el estilo, como el Pinocchio del parque de Bloomsbury del otro día. Y éste no es el único loco del autobús. El otro día, una loca con pinta de Susan Boyle, empezó a hablarle a una pobre señora que no ha había hecho nada -que yo sepa, al menos- y a preguntarle sobre su vida. Y la pobre señora pues contestaba como podía, mientras todo el autobús escuchaba en silencio. La loca, que resultó ser rusa, se reía a cada respuesta de la señora, con una risa aguda y nerviosa de poner los pelos como escarpias.

En fin, que lo de la habitación del pánico es peor, mucho peor. Yo ya tenía un antecedente. La de 37 años, la semana pasada, me dijo que tenía una chica durmiendo a su lado que era muy rara y que le daba miedo. Me contó que, por la noche, hiperventilaba sonoramente en la cama. Que hacía ruidos raros cuando dormía, y que la había visto hablando sola por la calle. Yo me reía, claro. Hasta ayer por la noche. Porque ayer, en mi nueva habitación de señoritas, donde debería reinar la armonía y la tanquilidad, apareció esta loca. Ya habíamos apagado la luz, eran las doce y media pasadas, como en las películas. De repente, se abrió la puerta y ahí estaba, poniendo las sábanas en su litera. Yo entonces no sabía que era la loca. Pero me di cuenta en poco rato. Entró al baño y escuché su voz. Pensé que estaba hablando con el móvil, pero al salir vi que no, que hablaba sola!! “Dios, la loca!!” pensé. Imaginad qué pavor. Todo oscuro y una voz a tu lado hablando bajito para sí misma en un idioma que no conoces. Porque no se entendía si era inglés o polaco o qué. Pero lo peor no era el murmullo constante, lo peor era que, cada poco rato, callaba y entonces empezaba la fase de hiperventilación. Se ponía a respirar cada vez más fuerte y rápido, como si estuviese follando pero sin gemir. Joder, qué impresión. Y luego, venga a hablar otra vez. Total, que desde mi cama veo la suya. Y resulta que colgó su chaqueta en uino de los palos de la litera pero yo, como no había luz, pensaba que era ella que estaba sentada en la cama, mirando hacia mí. Qué pavor. Estuve un buen rato de cara a la pared, pero cada vez que cerraba los ojos tenía la sensación de que escuchaba la voz más cerca, como si estuviese a mi lado. Menos mal que al cabo de un rato descubrí que era la chaqueta lo que estaba ahí colgada y me pude dormir. Joder. Espero que no se quede muchos días. De verdad que da mucho miedo.

Otro personaje de este fin de semana ha sido Nacho, el argentino. Pobrecito, cumple todos los tópicos. Toma mate, lleva el pelo amelenado y es publicista. No se puede ser más argentino, joder. Y, claro, como no puede ser de otra manera, habla y habla y habla. Menos mal que ya se ha ido. El sábado por la noche me pilló por banda y me contó su vida, sus planes de futuro y su opinión, así en general. La única vez en mi vida que he tenido una cita con un argentino -y que conste que yo no quería, me vi obligada por las circunstancias- acabé vomitando delante de él, de lo nerviosa que me puso. Él me decía: “¿Estás bien, estás bien?” Y yo contestaba “Sí, sí, debe ser algo que he comido y me ha sentado mal”. Los cojones. Son los argentinos lo que mi cuerpo no tolera. El sábado, afortunadamente, estaba en el hostel, territorio conocido, y pude escabullirme a mi habitación.

Y esto ha sido todo por el momento. Esta tarde vuelvo a las andadas -nunca mejor dicho- de turismo y exploración de la ciudad. Ayer por la noche hice una avanzadilla, que, tras acabado con el trabajo, me fui a engullir una bandejita de sushi del Tesco frente al Big Ben, junto al río. Estaba ahí sentadica, tan tranquila, cuando un chico inglés borracho y desagradable empezó a meterse con un pobre italiano que estaba con su novia allí en plan romántico. Pensaba que se iban a dar. Y entonces, el señor que estaba sentado a mi lado, se levantó y arregló la situación. Era un hombre elegante y un poco raro, con abrigo negro hasta los pies, bastón con puño de plata y un sombrero de paja. Pero, como era de noche, tampoco llamaba mucho la atención. Bueno, a mí sí, porque me parecía enigmático e interesante. Parecía Anthony Hopkins pero, para mi gusto, más guapo. Y un poco más joven. Total, que una vez logrado el objetivo de calmar al borracho y hacerle irse, vi que sacaba un móvil y hablaba con otro tío, avisándole de que el chaval iba para allá. Era un policía de incógnito! Me fijé entonces que llevaba el abrigo como abultado. ¿Qué debía hacer por allí? Me quedé de lo más contenta.

Y ahora sí que esto es todo por hoy. Besos a todos. Voy a subir a mi habitación a dejar el portátil. Espero no encontrarme a la loca. Ains.

Día 13. Efectos beneficiosos de la simetría.

Posted in Londres by Just Cosmetic on 19 agosto 2009

Los días de turista quedaron atrás. He decidido ponerme a trabajar, en serio, puesto que tengo que entregar cosas dentro de una semana. A pesar de que tengo un montón de flechitas en mi Lonely Planet, y el Time Out, voy a priorizar las horas frente al ordenador. Es una sensación extraña, la de ser turista pero no. Estoy en medio de la nada, en No one’s land, porque vivo como una turista pero en realidad no lo soy. Estoy aquí porque tengo algunas cosas que hacer. Además, el hecho de ir a la academia me va sumergiendo poco a poco en una especie de mundo a lo High School, con compañeros de clase -de los que no he hablado todavía- fiestas, salidas y cosas así.

En la academia, por ejemplo, hay dos chicas colombianas, de treinta y pico ya, que son como las Hermanas Hurtado pero en moreno. De hecho, son hermanas. Siempre las veo sentadas en la misma mesa, comiendo y buscando cosas en Internet, y cada vez me saludan con efusión y me preguntan qué tal me va todo. Ayer me invitaron a una sesión de salsa el viernes por la noche en el London Bridge. Me estremecí por dentro, porque la música tipo salsa, rumba, merengue o demás sucedáneos es de lo que más me horroriza del mundo. Pero no pude decir que no, así que les dije que quizás, que siempre queda bien. Luego pensé que el viernes por la tarde hay una fiesta en la academia, y que vendrá Marilena, así que es esencial que yo también vaya a la reunión escolar.

Ay, es que no he hablado de Marilena y su efecto en mí. A veces, me pasa que hay gente que me fascina. No sé explicar muy bien por qué. Gente que me transmite paz y tranquilidad, sabiduría espiritual, no sé cómo llamarlo. Gente que, sólo con su presencia, me hace sentir que todo está bien. Y Marilena es así. Además, tiene una cara armoniosa e intemporal, una belleza tan poco llamativa que, si no estás con ella más de cinco minutos, probablemente pensarás que es una chica del montón, ni guapa ni fea, ni gorda ni delgada, ni alta ni baja, ni tímida ni atrevida, ni alegre ni tristona. Pero si la oyes hablar, tocarse la mejilla o moverse y carraspear en su silla, si observas con atención, descubrirás que su carisma, tan discreto, va extendiéndose por la habitación. Descubrirás que tiene una mirada clara y limpia, inteligente y decidida, unos labios bien perfilados que ríen gentilmente y sin complejos. Está allí, y nadie ve nada, y yo lo veo todo. Naturalmente, ella tampoco es consciente en absoluto de este poder que tiene, y así ha de ser. Si ella lo supiese, se esfumaría el encanto. Marilena no tiene ningún rasgo particular que destaque en seguida, pero quizás por eso es especial. Por si fuera poco, es griega, lo cual la hace particularmente interesante. Yo, que soy una enamorada de ese país, me la imagino en la Atenas de Pericles, haciendo el bien, y me parece que el mar toca las puntas de mis pies.

Lamentablemente, ya no viene a clase. El viernes vino por última vez. Después se iba 4 días con su novio a Barcelona, así que, durante el intermedio, le expliqué los mejores lugares de mi ciudad, por dónde tenía que salir y esas cosas, y con la excusa le pregunté un poco sobre su vida, porque ya sabéis que nada me gusta más que preguntar, y más si es a una criatura como Marilena. Escucharla hablar en inglés es un placer, deberían ponerla en una sala de conciertos, en el Palau de la Música, para que cientos de personas, sentadas en sillas previo pago de 30 euros, pudiesen tener la opción de disfrutar de su existencia igual que he hecho yo.

De todas formas, y a pesar de que Marilena ya no está, creo que estoy haciendo amigos en clase. Hay una chica venezolana, muy inteligente, que se ríe de mis estúpidas ocurrencias, que básicamente consisten en que le pregunto constantemente, en voz baja, sobre las distintas nacionalidades de los nuevos estudiantes que hablan raro. Luego está Beaa, que es otro ser como de otro mundo. En este caso, el encanto de Beaa no radica en su aura espiritual, como Marilena, sino en su indiscutible atractivo físico. Es increiblemente guapa. De revista, de cine. Cuando escuché su nombre y me dijo que era argelina, no me lo podía creer. Porque se maquilla mucho -demasiado, para mi gusto, voy a ser un poco arpía- y va con tejanos y tacones. Una Sherezade moderna que habla inglés. No sé qué hace aquí ni de dónde ha salido, y me muero de ganas de preguntarle. Pero, como me pasa siempre con la gente dolorosamente bella, me da vergüenza. Es un efecto devastador que tiene la belleza en mí. Ayer, en clase, mientras la venezolana se reía conmigo, Beaa, sentada al otro lado, le preguntó: “What did she say?” y la otra le repitió mi frase. Me sentí un poco como una súbdita de un palacio árabe, con mis babuchas y mi velo y el ombligo al aire, a la que la reina asciende a ayudante de cámara o dama de compañía o algo así. Por un momento, yo, una humilde persona con la nariz grande y sin pómulos, era importante.

Pensaréis que esto que digo de la griega de Pericles y de Sherezade son tonterías, y probablemente lo sean, pero me encanta fantasear con ellas. Hace las clases mucho más interesantes. Sigo buscando nuevos personajes que me fascinen. De momento, estas dos son lo mejor que he encontrado.

Ayer por la tarde, en mi afán de comenzar a trabajar, me dirigí a la British Library. Es un edificio que contiene un monton de tesoros, cosas muy fuertes que ahora no tengo ni el tiempo -ni las ganas- de enumerar, y que todavía no he descubierto por mi misma. Llegué y, antes de buscar una sala donde sentarme, encontré, en un pasillo iluminado ténuemente, dos filas de sofás individuales, con sus reposabrazos y sus lamparitas, con una mesita individual movible ante cada uno de ellos, y con sus enchufes correspondientes. El sueño de cualquier propietario de portátil. Allí me aposenté, relajada y feliz. Además, por ahí se paseaban numerosos hombres guapos y estudiosos, como a mí me gustan. El suelo enmoquetado era tan mullido que, recordando la asquerosa moqueta pelada y manchada de mi habitación en el hostel, me emocioné y tuve que refrenar mis ansias de desnudarme y hacer la croqueta allí mismo.

Así que estos días seré una buena chica y dedicaré mi tiempo al estudio y la reflexión. Además, la de 37 años -pobre, se le ha quedado ya este sobrenombre- y Dani, el chico parlachín de Jersey, ya se han ido, así que vuelvo a estar sola por por aquí. Pero no me importa, el recuerdo de Marilena y la presencia de Beaa, y los sillones de piel con mesita incorporada -mesita de éstas que te puedes acercar hasta el pecho, si quieres, como los que se usan para comer en la cama, que anda que no molan- me dan la serenidad que necesito para trabajar. Me siento muy zen, en el peor sentido del término. :)

Y gracias a todos por leerme, a pesar de andar desperdigados por el mundo y de que no dejéis ni un puto comentario en los posts, cabrones.

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